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¿Cuál es tu gato atado?

Hay un cuento zen que desde que lo leí me parece revelador. Habla de las costumbres, de cómo las costumbres pueden cegarnos y llevarnos a seguir haciendo algo sólo porque creemos que tiene que ser así. El cuento es sencillo y corto pero el aprendizaje que se puede sacar de él es profundo:

El maestro de zen y sus discípulos comenzaron su meditación de la tarde. El gato que vivía en el monasterio armó tal jaleo que los distrajo de su práctica, así que el maestro ordenó que ataran al gato durante toda la práctica de la tarde. Cuando el profesor murió años más tarde, el gato continuó siendo atado durante la sesión de meditación. Y cuando el gato murió, otro gato fue llevado al monasterio y siendo atado durante las sesiones de práctica en prevención de altercados. Siglos más tarde, eruditos descendientes del maestro zen escribieron sesudos tratados sobre la importante significación espiritual de atar un gato para la práctica de la meditación.

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Hacer desde el ser

Un solo pensamiento, una sola acción

Me he topado con la ilustración de la derecha esta mañana en la página de ‘La vía del zen’. Iba acompañada de la siguiente frase: ‘Un solo pensamiento, una sola acción’. El coaching, ya se sabe, lleva aparejado el ponerse en acción, el moverse para conseguir eso que se desea. Podríamos decir que el proceso de coaching es ese arco representado en la lámina y, el cliente ha de convertirse en la flecha que se clava en el centro de la diana, que llega a su objetivo. Pero para que esa diana sea congruente es necesario que haya una coherencia interna entre lo que se piensa, lo que se desea y lo que se hace. Cuando se siente esa coherencia interna aparece de pronto una sensación de que ‘¡eso es’!, una especie de ‘¡eureka!’, esto es lo que busco.

También esta mañana me he topado, en un libro sobre meditación mindfulness, con este extracto del ‘Tao te king’ de Lao Zi:

Sin salir por la puerta
puedes conocer el mundo.
Sin asomarte a la ventana
puedes conocer el orden cósmico
en el centro mismo de tu ser.
Cuanto más lejos vas,
menos aprendes.
Busca en tu corazón y mira.
El sabio conoce perfectamente
que el mejor modo de hacer es ser.

Para mí Lao Zi también habla ahí de esa coherencia interna, de ese alineamiento entre lo que pensamos, el conocimiento; lo que sentimos, el corazón, y lo que hacemos. Sumar esos tres componentes da como resultado estar en contacto con el ser, con lo auténtico, con lo verdadero que hay en nosotros y actuar desde ahí es estar de verdad en la vida, sin dejarnos influir por lo que los demás quieren que seamos o por la autoimagen que nosotros mismos nos hemos impuesto de lo que somos. Estar ahí es estar abierto a la vida y a la aventura de vivirla.

Pregunta poderosa

Cuando actúo, ¿desde dónde lo hago? ¿Desde lo que pienso, lo que siento o simplemente actúo?

¿Para qué sirve meditar?

Meditar está de moda. Cada vez son más las personas que deciden sentarse en un cojín de meditación para hacer nada durante unos minutos al día. Entre ellos personajes famosos como Steve Jobs, Richard Gere, David Lynch o los Beatles Paul McCartney y Ringo Starr, quienes no dudan en pregonar a los cuatro vientos las ventajas de esta técnica milenaria. Pero, ¿qué cambios puede producir en una persona esta práctica? ¿Sirve en realidad para algo o es una manera esnob de perder el tiempo?

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