Archivo del sitio

La utilidad de la ira

DSC_0109

Las emociones no son malas o buenas. Simplemente son, por mucho que nos empeñemos en catalogarlas como positivas o negativas. Tienen su utilidad y están a nuestro servicio: por ejemplo, el miedo nos ayuda ser conscientes de los peligros y a huir de ellos, mientras que pasar por la tristeza es útil a la hora de asumir las pérdidas. Cuando dejan de ser útiles y se convierten en un castigo es cuando las llevamos a su extremo, cuando el miedo se convierte en parálisis o en sometimiento y la tristeza en victimismo e incapacidad.

Lee el resto de esta entrada

Cómo convertir un problema en una oportunidad

desapego

“¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida. Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio”. Estas palabras son de Deepak Chopra y las recoge en ‘Las siete leyes espirituales del éxito’, un librito de esos que dan en qué pensar y que me estoy acabando.

Voy por la sexta ley, la del desapego, y precisamente ahí es en la que incluye la frase con la que arranco el post. La sugerencia es tentadora: ser capaz de convertir cada problema en una oportunidad… ¿Cómo se hace eso?

A mí, la verdad, me cuesta convertir los problemas en oportunidades. Soy de esas personas que se quedan pensando cómo empujar el río hacia arriba, me cuesta aceptar que simplemente corre en una dirección y que lo único que queda es la aceptación de que tiene una manera determinada de fluir, de correr el agua.

La aceptación juega ahí un papel determinante. Aceptar qué es lo que hay, sin más, reconocer con qué cuentas y, a partir de ahí, sí que te puedes preguntar qué puedes hacer para conseguir eso que deseas, para aprovechar esa oportunidad que seguro que surge de esa situación que ni siquiera te habías planteado.

Ahora mismo estoy recordando una escena que viví el otro día en el tren: una mujer iba desde Málaga hacia Fuengirola y nada más salir de Málaga la llama su marido al móvil diciéndole que había ido a recogerla al trabajo para tomarse algo juntos. Ella, ya montada en el tren recién salido de Málaga, vivió la situación con ira, se enganchó con el marido, le dijo que por qué no la había llamado antes y, una vez colgó, se quedó rumiando la situación, hasta el punto de que una amiga se montó en una de las paradas siguientes e, indignada y casi llamando tonto al marido, le contó lo que había pasado. Me hubiera gustado decirle que por mucho que se enganchara lo que había pasado ya había pasado y que si en lugar de lamentarse se hubiera bajado del tren para coger el que iba de vuelta a Málaga ya estaría con el marido. O que quizás le tenía que suceder eso para poder estar un rato tranquila en su casa, ella sola.

Ése es el famoso, si no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y yo añadiría: una vez que sabes que no tiene solución, ¿qué es lo que puedes hacer con lo que tienes que te ayude a estar más cerca de lo que deseas?

Según Chopra, incluso la ruina puede ser una oportunidad, una oportunidad de ser libre, de experimentar nuevos papeles que de otra manera no nos atreveríamos a experimentar en la vida.

Para Chopra “la fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo: vehículos, casas, cheques, ropa, aviones. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio”.

Creo que sí, que hay algo de eso, porque cuando ya no tienes nada que perder es cuando te puedes arriesgar de verdad. Una vez que ha pasado un tsunami que lo ha arrasado todo, una vez que lo has soltado todo, lo único que queda es construir, ya no hay nada que destruir. Quizás es que cuando todo lo material relativo al ego ha sido arrasado es cuando puede florecer el auténtico yo, ese yo del que habla Chopra.

Pregunta poderosa

“¿Quién sería yo sin lo que poseo?

A %d blogueros les gusta esto: