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La utilidad de la ira

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Las emociones no son malas o buenas. Simplemente son, por mucho que nos empeñemos en catalogarlas como positivas o negativas. Tienen su utilidad y están a nuestro servicio: por ejemplo, el miedo nos ayuda ser conscientes de los peligros y a huir de ellos, mientras que pasar por la tristeza es útil a la hora de asumir las pérdidas. Cuando dejan de ser útiles y se convierten en un castigo es cuando las llevamos a su extremo, cuando el miedo se convierte en parálisis o en sometimiento y la tristeza en victimismo e incapacidad.

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El viaje interior

Malabarista en las alturas en el barrio de La Candelaria de Bogotá

Malabarista en las alturas en el barrio de La Candelaria de Bogotá

 

Sé que lo he leído en algún sitio, pero no recuerdo dónde y tampoco recuerdo a quién. De hecho, no sé si me la estoy inventando. Es posible. La frase que en este momento está emergiendo a mi cabeza es ésta, simple, clara, concisa: “el viaje más apasionante que puedes emprender es el de conocerte a ti mismo”.

 

Esta reflexión me asaltó hace nuevo días en un vuelo París-Bogotá, ciudad en la que aún estoy y a la que he venido precisamente para eso: para conocerme mejor a mí misma. En aquel momento no tenía a San Google para verificar de quién era esa frase y ahora, que lo tengo, no me aparece como tal en ningún sitio. Tal vez sea inventada.

 

Lo importante, al menos para mí, es que llevo dándole vueltas a esta idea desde que salí de Málaga el 24 de mayo para emprender este viaje de autoconocimiento, de autobservación que me ha llevado hasta Guasca para asistir a un encuentro dirigido por  Claudio Naranjo y que ha pasado, ya para siempre, a formar parte de ese viaje interior que llevo realizando desde hace ya algunos años.

 

En este caso se están mezclando el viaje físico, el que me ha llevado desde Málaga hasta Colombia, y el viaje interior. Para que se dé ese viaje físico simplemente hace falta que haya un desplazamiento, ir de un lugar a otro. Antes, hace unos años, yo habría puesto durante ese viaje físico la atención sobre todo en el exterior, en lo que veo, en lo que hago, en la comida típica colombiana que comería, en lo que bebería…

 

Ahora el foco de atención ha cambiado: tengo la sensación de que la conciencia se dirige hacia dentro, hacia ese interior al que hago referencia en el título del post. Y también hacia las relaciones: hacia como me relaciona, hacia el espejo que pueden ser para mí los otros y hacia lo que me pueden aportar esos maravillosos compañeros de viaje con los que he coincidido.

 

La sensación es que lo importante es como vivimos las experiencias, los procesos que se desatan dentro de nosotros, no lo de fuera. Y en el momento en el que ponemos la conciencia ahí, en el momento que nos entrenamos en el arte de auto observarnos, es como si todo cambiara por arte de magia.

 

Con los clientes de coaching es habitual asistir a este proceso: simplemente el ver plasmado en un papel cuáles son sus valores y si están o no alineados con ellos, por ejemplo, hace que se produzca un click.

 

Yo, como se puede ver por el anterior post, soy una fanática del eneagrama y creo que me gusta tanto precisamente por eso: en el momento en el que nos identificamos con un eneatipo es como si se hiciera la luz y de repente comprendiéramos para qué somos como somos. Eso sí desde la compasión con uno mismo y con los otros, porque si hay algo que te enseña el eneagrama es que nuestro objetivo primordial es ser amados y precisamente para eso nos inventamos un personaje con el que salir al mundo.

 

El eneagrama no es , por supuesto, el único método de auto observación, de profundizar en ese viaje interior. Hay muchas más maneras, muchos más modos, como la meditación, comenzar un proceso de crecimiento personal o, simplemente, poner la conciencia en conocerse, en iniciar ese viaje que resultará el más apasionante que nunca hayas emprendido.

 

Pregunta poderosa

¿Quién soy yo? ¿Qué aparento ser? ¿A qué temo?”

¿Qué número es usted, señor Grey?

50 sombras

Sí, lo confieso: me he leído ’50 sombras de Grey’. En principio no es uno de esos libros que me atraigan pero la pasión demostrada por él y por el susodicho Grey por algunas amigas ha hecho que ‘pique’ y que acabe zampándomelo y mirando para otro lado en lo que respecta a su calidad literaria. Una vez leído, tengo dos cosas claras: la primera es que no volveré a leerme ningún otro volumen de la saga y la segunda es el eneatipo del señor Grey: un ocho que viene genial para explicar cómo son los lujuriosos del eneagrama.

A los que no sabéis nada de eneagrama supongo que os sentís como si os estuviera hablando en chino. Vayamos por partes: el eneagrama es un sistema de identificación de tipos de personalidad en el que se establece la existencia de nueve números o eneatipos. Se supone que todos los habitantes de este planeta somos uno de esos nueve eneatipos, que, por mucho que nos pese, no cambia a lo largo de nuestra vida. Si en nuestra primera infancia empezamos a comportarnos como un tres, por ejemplo,  acabaremos comportándonos como un tres. Eso sí, se puede estar más pegado a la neurosis -la parte chunga, por así llamarla- o a la virtud, la parte más sana y, en la que en teoría, brillamos con todo nuestro ser.

En el caso de Grey, me da a mí que está más pegado a la neurosis que a la virtud. El ocho es, dentro del eneagrama, el jefe, el líder, son los machos alfa. Seductores, como el señor Grey, sedientos de poder, también como el señor Grey, y con un temor muy fuerte  a ser dominados. En la infancia es habitual que hayan sido niños maltratados, por lo que tomaron la determinación de dominar ellos para no ser dominados. Tienen serias dificultades para contactar con su parte tierna, su parte más blanda y usan el sexo como un elemento de poder sobre el otro (¿le suena a alguien que se haya leído el libro?).

Son sádicos, pueden llegar a disfrutar haciendo sufrir al otro porque infligiendo ese sufrimiento se sienten más poderosos. En este punto, sólo hay que recordar alguna de las múltiples escenas de sexo que aparecen en el libro para darse cuenta de que lo que le gusta al chaval es sentirse con el poder y dominar. La pasión del ocho, su parte más neurótica por así denominarla, es la lujuria, pero no sólo entendida como un exceso en el sexo, que también, sino como un llenarse de todo lo intenso y lo placentero, ya sea con comida, bebida, drogas o experiencias intensas.

Cada uno de los eneatipos tiene un subtipo, que puede ser conservación, social o sexual. En el caso de Grey estaríamos hablando de un ocho sexual, porque la pasión de Grey es poseer a las mujeres que pasen por su vida, en este caso Anastasia Steele. He de confesar que en lo del subtipo me despista un poco el hecho de que sea un empresario exitoso, con pasta a puñados y que durante toda su vida se ha dedicado a ganar dinero: dentro de los ocho los conservación son los que más se adecuan a este perfil, al del empresario exitoso. De hecho, hay muchos directores de grandes compañías, de esas sin escrúpulos, que son ocho conservación, por no hablar de los dictadores ahora tan de moda tipo Hugo Chávez o Fidel Castro, también ochos, aunque éstos más bien sociales.

Así que ya sabéis, por muy atractivo que os resulten los señores Grey, cuidado con ellos.

Pregunta poderosa

¿Qué hago yo para tener el poder en las relaciones?

Sí, lo confieso, soy una friki del eneagrama, ese sistema de identificación de tipos de personalidad que nos encasilla a todos en un numerito que va del uno al nuevo dependiendo de cuál es la pasión dominante en nuestra vida. Aprovechando las posibilidades que da Pinterest he creado un tablero explicando cómo es cada eneatipo y con una canción ilustrativa del mismo. También explico algún subtipo (cada número tiene tres subtipos: uno volcado hacia lo social, otro hacia lo sexual y otro hacia el instinto de conservación) lo que hace que pueda haber mucha diferencia entre un 4 sexual y uno social, por ejemplo. Y muchas gracias a los colegas que me han ayudado mostrándome canciones acertadas y certeras para cada eneatipo.

Para saber más de eneagrama
¿Y tú qué número eres?
Números para educar el corazón

¿Y tú qué número eres?

 

Si usted tiene algún amigo que sabe de eneagrama es muy probable que ya le haya colgado un número y le haya dicho que es un 2 porque le encanta ayudar o un 7 porque lo que más le gusta en el mundo es irse de juerga. Y si no lo tiene, pues quizás se haya topado en cualquier librería con algún volumen, porque lo cierto es que abundan, que trata sobre este sistema de identificación de tipos de personalidad y que disecciona cómo son los nueve caracteres que, en teoría, describen el funcionamiento de los seres humanos.

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