Prohibido soñar

No, no lo digo yo eso de prohibido soñar: es un mandato que parece estar flotando en el ambiente,  en eso que llamamos sociedad y que en este momento apuesta por el pragmatismo feroz. Me di cuenta la semana pasada, al dar con Viventi Comunica un taller para personas que están pensando en montar su empresa y al que llamamos ‘Coaching para emprender: de la idea la acción’. La primera propuesta era que cada uno de los 30 alumnos formulara su objetivo de forma clara y concisa, como un niño que escribe una carta a los Reyes Magos. Si para alguien su objetivo era abrir una librería on-line y dentro de un año estar facturando 50.000 euros y contratar a alguien a media jornada para poder pasar más tiempo con sus hijos,  le pedimos que lo escribiera en un papel que quedaba para su uso y después, si se animaba, compartiera ese objetivo con los demás.

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Periodistas en reinvención

Ponentes en el encuentro de empresas y directivos de comunicación. Foto de @puntopress

La Asociación de la Prensa de Málaga ha tenido el buen criterio de organizar hoy un encuentro entre empresas y directivos de comunicación. Entre directivos de comunicación y periodistas que ya no trabajan en medios, en proceso de reinvención, y entre empresarios, añadiría yo. PIlar Pineda y yo hemos ido con nuestra criatura, Viventi Comunica, a contar a todo aquel que nos ha querido escuchar qué es lo que estamos haciendo y cómo en estos últimos seis meses, desde que empezamos nuestra andadura, hemos dado con una fórmula que nos llena y que nos hace sentir bien, a gusto, alineadas con nuestro trabajo y con la vida. La fórmula es sencilla: consiste en unir aquello de lo que sabemos mucho porque llevamos 20 años en ello (media vida, que se dice pronto), el mundo de la comunicación, con aquello que nos apasiona y que se ha convertido en, por decirlo de algún modo, nuestro jardín de recreo, nuestra afición: el mundo del desarrollo personal.

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La gran mentira del ‘no tengo tiempo’ (y siete trucos para no caer en ella)

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¿Cuántas veces has usado la frase “no tengo tiempo” para justificar el dejar de hacer algo a lo que te habías comprometido o algo que te apetecía? Seguro que muchas.  Sin embargo, no sé si te habrás parado a pensar que decir esa frase es incurrir en una gran mentira: sí que tienes tiempo y el tiempo que tienes es con exactitud el mismo todos los días, 24 horas, que las puedes distribuir como te plazca. 

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Claudio Naranjo: ‘Somos personajes y la educación debería ayudarnos a dejar ese personaje’

  • Propone que las escuelas desarrollen como competencias el amor, la devoción y el goce para que los niños lleguen a su yo más profundo

  • Asegura ante 2.000 personas en Sevilla que la educación es “idiotizante porque enseña demasiado”

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Naranjo es presentado por la directora general de Ordenación y Evaluación, Teresa Barón.

Más de 2.ooo personas, la mayoría de ellos profesores, asistieron el 4 y  5 de septiembre pasados en Sevilla a unas jornadas organizadas por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía en las que el psiaquiatra Claudio Naranjo habló sobre su visión de la educación. “Somos personajes y la educación debería ayudarnos a dejar ese personaje“, afirmó Naranjo, quien abogó en todo momento por la importancia de que el amor esté presente en las escuelas.

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¿Objetivo a la vista? Diseña tu estrategia

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Ya ha llegado septiembre, mes junto enero en el que a la mayoría nos toca hacer esa lista de propósitos que, de forma habitual, queda olvidada en la agenda del año en curso o se pierde en el rincón de cualquier cajón. ¿Hacer deporte? ¿Adelgazar? ¿Estudiar tal o cuál cosa?¿Poner en marcha ese nuevo proyecto profesional? ¿O quizás encontrar pareja?

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El poder sanador de las palabras

palabras

Las palabras tienen un efecto en nosotros y generan una realidad. Pueden tener un poder sanador o destructor. No es lo mismo que de pequeño te dijeran “eres tonto” a que en un momento determinado uno de tus padres afirmara que habías “hecho una tontería”. Lo primero marca, es así, inamovible, lo segundo es circunstancial, puntual.

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La noche oscura del alma

desierto

Anoche estuve en el foro Ideas en Femenino, un foro en la que mujeres emprendedoras comparten sus historias, todas inspiradoras. La gente de Studio Ideas me invitó porque les ha llegado lo que andamos haciendo en Viventi Comunica y les apetecía que nos conociéramos mutuamente. Yo, lo confieso, no tenía demasiada idea de a dónde iba: me encontré con un foro en el que tres mujeres, la psicóloga Laura Chica, la baiolaora Victoria Artillo y la fundadora de Eventosfera Ana Santos, contaron a corazón abierto sus historias personales.

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Cómo convertir un problema en una oportunidad

desapego

“¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida. Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio”. Estas palabras son de Deepak Chopra y las recoge en ‘Las siete leyes espirituales del éxito’, un librito de esos que dan en qué pensar y que me estoy acabando.

Voy por la sexta ley, la del desapego, y precisamente ahí es en la que incluye la frase con la que arranco el post. La sugerencia es tentadora: ser capaz de convertir cada problema en una oportunidad… ¿Cómo se hace eso?

A mí, la verdad, me cuesta convertir los problemas en oportunidades. Soy de esas personas que se quedan pensando cómo empujar el río hacia arriba, me cuesta aceptar que simplemente corre en una dirección y que lo único que queda es la aceptación de que tiene una manera determinada de fluir, de correr el agua.

La aceptación juega ahí un papel determinante. Aceptar qué es lo que hay, sin más, reconocer con qué cuentas y, a partir de ahí, sí que te puedes preguntar qué puedes hacer para conseguir eso que deseas, para aprovechar esa oportunidad que seguro que surge de esa situación que ni siquiera te habías planteado.

Ahora mismo estoy recordando una escena que viví el otro día en el tren: una mujer iba desde Málaga hacia Fuengirola y nada más salir de Málaga la llama su marido al móvil diciéndole que había ido a recogerla al trabajo para tomarse algo juntos. Ella, ya montada en el tren recién salido de Málaga, vivió la situación con ira, se enganchó con el marido, le dijo que por qué no la había llamado antes y, una vez colgó, se quedó rumiando la situación, hasta el punto de que una amiga se montó en una de las paradas siguientes e, indignada y casi llamando tonto al marido, le contó lo que había pasado. Me hubiera gustado decirle que por mucho que se enganchara lo que había pasado ya había pasado y que si en lugar de lamentarse se hubiera bajado del tren para coger el que iba de vuelta a Málaga ya estaría con el marido. O que quizás le tenía que suceder eso para poder estar un rato tranquila en su casa, ella sola.

Ése es el famoso, si no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y yo añadiría: una vez que sabes que no tiene solución, ¿qué es lo que puedes hacer con lo que tienes que te ayude a estar más cerca de lo que deseas?

Según Chopra, incluso la ruina puede ser una oportunidad, una oportunidad de ser libre, de experimentar nuevos papeles que de otra manera no nos atreveríamos a experimentar en la vida.

Para Chopra “la fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo: vehículos, casas, cheques, ropa, aviones. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio”.

Creo que sí, que hay algo de eso, porque cuando ya no tienes nada que perder es cuando te puedes arriesgar de verdad. Una vez que ha pasado un tsunami que lo ha arrasado todo, una vez que lo has soltado todo, lo único que queda es construir, ya no hay nada que destruir. Quizás es que cuando todo lo material relativo al ego ha sido arrasado es cuando puede florecer el auténtico yo, ese yo del que habla Chopra.

Pregunta poderosa

“¿Quién sería yo sin lo que poseo?

¡Ay, la timidez!

Dejo por aquí este post que acabo de publicar en el blog de Viventi Comunica

Dove es una de esas marcas campeonas en hacer anuncios. Éste es de esos que va directamente al corazón, a lo emocional y le ha servido para ganar el León de Oro en Cannes. Si no lo habéis visto, os cuento que es de esos anuncias que, al acabar de verlo, te arrancan una sonrisa tierna y te dejan con la sensación de “he comprendido”.

Es un anuncio que va sobre la timidez en las mujeres. La cámara capta a varias mujeres, de diferentes razas y culturas, que tienen como denominador común su vergüenza a la hora de mostrarse ante la cámara. Por muy diferentes que sean, a todas les produce rubor que las graben en vídeo.

De repente hay un corte, aparece un letrero en el que pregunta al espectador: “¿Cuándo dejaste de pensar que eras bella?” y toman la pantalla planos de niñas que se comen la cámara: sonríen, juegan, bromean, son felices de ser observadas.

A mí este anuncio me ha hecho reflexionar sobre la timidez y sobre la vergüenza que puede generar el mostrarnos ante los demás, el exponernos ante los otros y el miedo a ser juzgados. ¿Y qué situación hay que pueda provocar más timidez que el tener que hablar ante un auditorio? En los niños aún no existen esos miedos, de ahí que sí sean espontáneos, auténticos… En una palabra, que sean ellos. Ahora bien, una vez creciditos, ¿cómo recuperar esa espontaneidad, ése no importar qué digan los demás sobre mí?

Desde mi punto de vista y desde mi experiencia -confieso que tengo bastante sentido del rídiculo y que para mí implica un gran trabajo ponerme delante de un grupo de personas- hay varios puntos que te pueden ayudar a superar ese pánico escénico:

1. Creer en ti mismo y conocerte: Cuanta más confianza tengas en ti mismo, más sencillo es plantarte ante los demás. Y ahora, la pregunta del millón, ¿cómo conseguir esa confianza? El autoconocimiento puede ayudar mucho. El conocerse a uno mismo, saber cómo eres, cuáles son tus miedos, tus bloqueos, tus puntos ciegos o tus puntos fuertes es vital a la hora de plantarte delante de los otros a defender tu postura.

2. Echarle teatro a la vida: Interpretar otros papeles y saber que puedes jugar con la imagen que muestras ante los demás es un gran aprendizaje y a eso te puede ayudar el teatro o cualquier otra actividad que implique mostrarte ante los demás y relacionarte con ellos en un ámbito seguro como la biodanza. Ayuda a relativizarte y a saber que puedes mostrarte, por ejemplo, fuerte y decidido aunque seas dubitativo. Te ayuda a comprender que tenemos una gama de personajes que mostramos en determinadas situaciones y que, depende de en qué momento estemos, podemos echar mano de un personaje u otro.

3. Mantener la templanza: ¡Ay, los nervios! ¿Qué hacer para desbancarlas cuándo tenemos que ponernos delante de los demás? Yo lo tengo claro: meditar un poquito. Basta con centrarse en la respiración, sobre todo en la abdominal, y esos miedos desaparecen por arte de magia.

4. Tener claro qué decir: Aunque parezca de perogrullo, no lo es. Hay gente que se coloca ante un auditorio para hablar sin tener claro que va a contar y ahí, claro está, es normal que los nervios aparezcan. ¿Tanto cuesta hacer un esquema con lo que se quiere contar? Así, además de no perderte y tener claro lo que dirás, no se te quedará nada en el tintero.

Ya sé que una lista de blog con sólo cuatro puntos es rara: normalmente tienen cinco o diez, supongo que por hacerlos redondo. Yo, en este post, me paro en cuatro.

Pregunta poderosa

¿Qué provoca mi vergüenza?”

¿De verdad es un privilegio tener trabajo?

lo imposible

Esta reflexión me ha asaltado esta mañana mientras estaba en el gimnasio. Para mí ir al gimnasio o hacer deporte es casi un momento para la meditación. No sé qué sucede pero en ese momento es como si pudiera abandonar por unos instantes el ‘automático’ que llevo puesto durante todo el día y como si hubiera, de alguna manera, un espacio para que surja lo que hay de verdad dentro de mí, lo creativo… El nombre de Viventi, por ejemplo, me vino nadando. Y cuando digo que me vino es que vino: llegó así como de la nada y dije: “Éste es el nombre para el centro”.

Hoy me ha pasado algo parecido con una cadena de pensamientos. La primera reflexión ha sido sobre el riesgo. ¿Arriesgar está mal visto? Esta pregunta ha surgido cuando estaba en la cinta corriendo, sudando como una posesa, y le he dado un poquito más de velocidad: me apetecía esforzarme, pasarlo mal, sufrir un poco para dejar atrás la dichosa media de 7.5 kilómetros a la hora que vengo haciendo durante las últimas semanas. Me apetecía ver dónde está ahora mismo mi límite, si puedo alcanzar un poquito más, probarme, testarme y ver hasa donde puedo llegar. Me apetecía arriesgar, darle una vuelta de tuerca a la situación y apretar un poco más.

Ahí, encima de la cinta, a medida que lo iba pasando cada vez peor, que me iba faltando el oxígeno y poniéndome cada vez más roja, es cuando me ha venido esa pregunta, es cuando me he preguntado si está mal visto arriesgar. Y de repente me han llegado unos cuantos refranes, del tipo “más vale pájaro en mano que ciento volando”, y me ha venido esas frases que ahora están tan de moda de “soy un privilegiado porque tengo trabajo” o “con lo mal que está la cosa, al menos estoy trabajando”.

Lo confieso: llevo ya varios años que esas frases me mosquean. Si una empresa te tiene contratado, salvo contadas excepciones, es porque de una manera u otra le haces ganar dinero. Y ya que estamos en un blog que va sobre coaching y sobre comunicación invito a que os preguntéis, si tenéis trabajo, claro: ¿Cuánto dinero le hago yo ganar a mi empresa cada año? Es de esas preguntas de difícil respuesta aunque, a buen seguro, es bastante más de lo que te pagan.

Con esto de la crisis si hay algo que se ha fomentado es el miedo, el miedo a no tener empleo, el miedo a no tener dinero, el miedo a perder la casa, el miedo a arriesgar, el miedo a ir por lo que deseas de verdad, sin condicionantes externos de “esto es lo que toca”. Creo que, de alguna manera, han conseguido matar los sueños que hemos cambiado por seguridad, por la seguridad de tener cada día un plato de comida delante, por la seguridad de tener una casa o por la seguridad de poder irnos cada año cinco días de vacaciones a la Riviera Maya.

El miedo es el antídoto de los sueños, esos sueños que nos hacen estar vivos y que nos hacen superarnos día a día, aspirar a ser mejores, a ir por aquello que deseamos, y ahora si algo sobra es precisamente ese miedo.

Pregunta poderosa

¿Cuándo fue la última vez que arriesgué para conseguir lo que quiero?”

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